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Patagonia Run Mountain Hardwear 2012

El Desafìo de la Montaña.

Soplaba una helada feroz. En el regimiento Coraceros General Lavalle los primeros corredores, de 100K de Patagonia Run Mountain Hardwear 2012, junto a familiares, amigos y espectadores varios, se concentraban y entraban en calor.  Eran las dos de la mañana y en las montañas de San Martín de los Andes, en plena noche, la luna daba reflejos grisáceos sobre las cuestas. El silencio se cortaba por una música a todo volumen y por la voz de un orador que llamaba a los 180 corredores a acomodarse en la largada. Era la primera que iba a llevarse a cabo a lo largo de la mañana del 14 de abril. A las 4 se repetiría con los 100 inscriptos para los 84K, a las 8.30 con los 470 de 63K y 42K, a las 10 los 450 de 21K y finalmente a las 10.30, la última largada, de los 250 de 10K.

El arco por donde comenzaba la carrera estaba situado en un camino recto, custodiado por dos hileras de álamos que dejaron los costados del trayecto cubiertos por un colchón de hojas, donde los espectadores sacaban fotos esperando la hora de comienzo.

Cuenta regresiva, desde diez a cero. Todos los corredores y corredoras la gritaban mientras daban saltos aguantando un frío que, al momento de la largada, bajaba de los cero grados. Primero, en el centro del arco, calentaba Gustavo Reyes, quien sería el máximo ganador del certamen.

Cuando llegó a cero, un pelotón de corredores, con su luz frontal obligatoria (hasta las 8) en la cabeza comenzaron lo que fue la conclusión de meses y meses de entrenamiento. Desde el primer momento Reyes encabezó, segundado, en un primer momento, por Ignacio “El Rata” di Lorenzo. Así se perdían de vista los deportistas, entre las montañas, donde sólo se sabía que allí iban por las luces que centellaban ganando terreno.

El primer puesto de asistencia fue a los 5,63 kilómetros, llamado Hidratación Rosales. Por allí pasaron, sin parar, sin tomar líquido, como sin percatarse de la parada, Reyes y el Rata, a la cabeza de la carrera, no ya del pelotón que, a lo largo de los kilómetros, fueron separándose. Casi una hora más tarde pasaron los últimos, algunos ya agotados. Muchos de los que lograron terminar los 100K lo confesaron: “Fue una carrera más técnica de lo que esperábamos”. Un grupo no consiguió superar los cortes intermedios en Quilanlahue, El Colorado y Los Bayos. No pudieron terminar la carrera pero dieron lo máximo de sí y prometieron volver el año próximo a tomarse revancha.

Hubo un tramo clave. El más alto, el más exigente, el más desgastante: la subida al Cerro Colorado, de 1774 metros. No sólo eso: sino también su bajada, muy difícil, con piedras y un polvo seco que provocó más de una caída. En esta etapa se pudo cruzar un comentario con Reyes que para este momento le había sacado trece minutos al segundo, ahora, Facundo Romera. “Estoy bien”, dijo. Y se perdió de nuevo entre la oscuridad que abría parcialmente con la luz de su linterna.

Todavía no había atisbo de amanecer y en la montaña helaba. Los punteros se acercaban a la mitad de la carrera: bajaban el Cerro Quilanlahue. Cuando finalizaron el descenso los esperaba el galpón del Pas Quilanlahue 1 con empanadas, sopa, sacramentos, gomitas, caramelos, barras y galletas Ser, infusiones, gaseosas, agua y Powerade. Los ayudantes se apretaban alrededor de un fogón con la vista fija en la montaña a la espera del reflejo minúsculo de una luz bajando la cuesta: era la señal para estar todos listos. Sin romper la costumbre, el primero, sólo, fue Gustavo Reyes. No perdió más de un minuto en uno de los puestos más completos de la carrera. Se sacó las zapatillas, las sacudió, tomó un trago de agua, agarró unas gomitas de menta con azúcar y arrancó, nuevamente. Media hora más tarde llegó el segundo.

El recorrido de todas las categorías terminó sobre la Avenida San Martín, arteria principal de la ciudad. El primero de todo el evento en cruzar la línea de llegada fue Agustín Tamargo, de 10K, con 45 minutos de carrera. El año pasado había entrado al podio de la misma categoría como tercero. En esta edición ganó la general y por ende la de su sexo y edad, indiscutidamente; lo festejó con los puños apretados. Su profe, Gustavo Reyes, llegó a las 13.08hs, poco más de once horas después de la largada. Se comentaba que Gustavo tenía una apuesta con la organización de Patagonia Run: dijo que iba a llegar en 9hs 45min. Perdió la apuesta pero logró una performance increíble, separándose catorce minutos del segundo, el venezolano Jesús Agelvis Zerpa Guillén. Entre las mujeres que eligieron los 100K encabezaba la rionegrina Laura Lucero que hizo un excepcional debut en la ultra maratón, seguida de cerca por la porteña Sofía Cantilo, quien ya pisó podios en las largas distancias anteriormente.

Los corredores siguieron llegando hasta minutos antes de la entrega de premios, a las 21.30. Algunos caían al piso tras pasar la meta. Hubo lágrimas, abrazos; banderas de países, de grupos de entrenamientos. Carteles con consignas (“feliz cumpleaños papá”, “nada se obtiene sin esfuerzo”) y gritos de euforia. Llegaron. Meses de esfuerzo, de sudor y de acumular kilómetros y kilómetros entrenando habían llegado a su objetivo. El Patagonia Run Mountain Hardwear 2012 terminó con la entrega de medallas y trofeos repartidos en 55 podios, con dos menciones especiales: la primera a las dos corredoras de más edad del evento (65 y 68 años) y la segunda a Javier Salazar, de 36 años, quien a los 26 tuvo un ACV que lo dejó con secuelas motoras. Para Javier, que corrió con su kinesiólogo, su discapacidad no fue ningún obstáculo para llegar a la meta de los 10K.

El evento terminó con un video, una selección de fotos y con aplausos de pie. La mayoría de los allí presentes probablemente se vuelvan a encontrar en la edición 2013 para darse una nueva oportunidad en la distancia que corrieron o para ir por más o para revalidar su título. Las montañas estarán allí, esperándolos, desafiantes, el próximo año.

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